miércoles, 10 de junio de 2009

revolucion neolitica


Revolución neolítica
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En la imagen, un trigal convive con un generador eólico, muestra de otra revolución tecnológica.
La zona denominada Creciente Fértil, origen de la Revolución Neolítica inicial y posteriormente, de las primeras civilizaciones históricas.Se denomina revolución neolítica a la primera transformación radical de la forma de vida de la humanidad, que pasa de ser nómada a sedentaria y de economía depredadora (caza, pesca y recolección) a productora (agricultura y ganadería). El término se debe a Vere Gordon Childe (1936).

Este proceso tuvo lugar hace más de 9000 años (VIII milenio a. C.) como respuesta a la crisis climática que se produce en el comienzo del Holoceno, tras la última glaciación. En primer lugar afecta a la zona conocida como creciente fértil del Medio Oriente, una amplia zona que comprende desde el noreste de África (Valle del Nilo, en Egipto) hasta el oeste de Asia (zona de Mesopotamia entre los ríos Tigris y Éufrates). Algo más tarde se produjeron cambios similares en la India (ríos Indo y Ganges) y en el Extremo Oriente (ríos Huang Ho y Yangtze en China). La difusión por el resto del Viejo Mundo (Europa, Asia y África) se produce por difusión de estos primeros focos, aunque en algunas zonas se produce localmente la domesticación de animales o plantas autóctonas. De forma autónoma se produce la revolución neolítica en América, con los focos mesoamericano y andino. La difusión de la agricultura y la ganadería por Oceanía en algunos casos es simultánea a la ocupación humana (las migraciones de las islas del Pacífico eran tanto de los grupos humanos como de sus cultivos y ganado) y en otros los usos del suelo continuaron siendo muy arcaicos hasta la llegada de los europeos (aborígenes australianos, en su mayoría cazadores-recolectores, cuya ocupación del continente es muy antigua, quizá desde hace 40.000 años).

Contenido [ocultar]
1 Por qué "revolución" y por qué "neolítica"
2 Consecuencias
3 Especies vegetales
4 Especies animales
5 Referencias
5.1 Bibliografía
5.2 Notas



Por qué "revolución" y por qué "neolítica" [editar]El término neolítico se utiliza como denominación de un periodo de la prehistoria definido en términos de cultura material. Escolarmente se definía como el periodo en el que se encuentran útiles de piedra pulimentada, frente al paleolítico, en que los útiles eran de piedra tallada. Lógicamente, la integración de esta perspectiva de la tecnología lítica con el proceso descrito por Gordon Childe, y la comparación de lo que a partir de entonces se denomina modo de vida paleolítico (depredador) y el modo de vida neolítico (productor) pasó a ser un tópico cultural y una de las tareas más importantes de la prehistoria y la arqueología como ciencias.

El término revolución implica un cambio radical, a menudo súbito y hasta violento, y es una de las categorías más utilizadas para describir procesos importantes, y no sólo en las ciencias sociales. La identificación de una revolución industrial casi simultánea a la revolución francesa es el precedente que permitió al historiador australiano extender el uso del término a un proceso ya no secular, sino milenario. Se suele considerar que Revolución Neolítica y Revolución Industrial han sido los dos cambios más trascendentales de la historia de la humanidad, y a pesar de no ser acontecimientos de cambio en el tiempo histórico de corto plazo, merecen el uso del término. Para evitar la palabra "revolución" y sus implicaciones, tanto en lo temporal como en su carácter violento, o incluso para evitar comparaciones con el término evolución, algunos autores prefieren utilizar otros términos.[1]


Consecuencias [editar]Los cambios ligados a la Revolución Neolítica significaron un enorme progreso en el desarrollo de la Humanidad, la cual comenzó a crecer con mucha mayor rapidez al comenzar a cosechar alimentos que podían conservarse durante bastante tiempo. La necesidad de conservar los alimentos generó el desarrollo de nuevas técnicas y artesanías como la cerámica, la cestería y muchas otras. La aparición de excedentes permitió la especialización y división del trabajo, la aparición del comercio, la acentuación de las diferencias sociales, y con el tiempo, el origen de la Historia. Pero eso sería un proceso posterior denominado revolución urbana, también según el término de Gordon Childe.

Tampoco hay que olvidar, que como revolución, la difusión de la agricultura supuso consecuencias violentas, incluso dramáticas:

Una alteración radical del paisaje (no la primera, puesto que los grupos cazadores-recolectores también impactaron sobre los ecosistemas de forma trascendental, acabando con muchos de ellos a medida que se expandieron por el planeta), que puede pasar a definirse como paisaje humanizado de tipo agrícola, ganadero y forestal (paisaje agrario). Esa pérdida de diversidad biológica y simplificación de las cadenas tróficas, sometidas al gusto humano, tuvo a su vez una consecuencia muy interesante: Para cada uno de los cultivos, la actividad de distintos grupos humanos a lo largo de todo el mundo durante milenios permitió una prolongada selección artificial de especies, que ha dado lugar a una enorme variabilidad genética en las semillas que en la actualidad se está perdiendo como consecuencia de la globalización, que impone procesos agrícolas y semillas estandarizadas, reducidas en número a las más demandadas por el mercado. El peligro de desaparición de este patrimonio de la humanidad acumulado y conservado en las comunidades rurales dispersas por todo el mundo es objeto actualmente de la atención de programas internacionales de protección.[2]
Una no menor alteración en los propios seres humanos, habiéndose llegado a estimar que probablemente condujo a un empeoramiento real de las condiciones de vida por reducción de la variación de la dieta, a pesar de garantizar un suministro más continuo de comida. La vida se hace más segura, pero más monótona. El sedentarismo y el aumento espectacular de la densidad de población también produjo peores condiciones sanitarias y endemizó las enfermedades. La presión de la selección natural sobre la especie humana, desde entonces y hasta hoy, ya no se efectúa en las mismas circunstancias que en los cientos de miles de años anteriores (al posibilitarse la supervivencia y reproducción de individuos que con un modo de vida paleolítico no las habrían alcanzado). La dinámica de poblaciones se vuelve enteramente distinta.

Especies vegetales [editar]Los cereales fueron la especie vegetal decisiva para la Revolución Neolítica en la mayor parte del mundo, y siguen siendo la base de la alimentación humana en la actualidad. Centeno, trigo y cebada son originarios de la zona del Creciente Fértil, aunque quizá no fueron las primeras especies vegetales en pasar de la recolección al cultivo (recientemente se han hallado frutos de higuera que demuestran una selección intencionada en la zona de Medio Oriente hace 11.400 años[3] ). Las legumbres, concretamente las lentejas, también tienen un cultivo muy antiguo, y algo menos los diferentes árboles frutales (cítricos -China-, manzanos, ciruelos) o los plátanos (Sureste de Asia).[4] En la Amazonia la domesticación de especies vegetales se basó inicialmente en la mandioca amarga y comenzó hace unos 5000 años.[5]


Mazorcas de maíz, originario de América Central.

Campos de arroz en terrazas inundadas. Java

La patata, originaria de Sudamérica, es el cultivo no cerealista con mayor trascendencia.

Otro tubérculo, el ñame, originó culturas agrícolas muy alejadas entre sí: en Asia, Nueva Guinea, África y América.


El sorgo fue el cereal más difundido en las antiguas agriculturas subsaharianas.

Lenteja, la principal legumbre del viejo mundo, en una ilustración botánica de 1796

Distintas variedades de frijoles o judías, la principal legumbre originariamente cultivada en el nuevo mundo



Especies animales [editar]Artículo principal: Domesticación

Ovejas y vacas estuvieron entre las especies más precozmente domesticadasLa domesticación de animales (a excepción de la del perro, seguramente muy anterior, propia de sociedades cazadoras) fue simultánea a la de las especies vegetales. Las más extendidas hoy, ovino, bovino y caprino, proceden también de la zona del Creciente Fértil. La siguiente, decisiva para el desarrollo histórico, fue la del caballo en las estepas de Asia Central, papel que en otras zonas correspondió a los camélidos (dromedarios, camellos, llamas y alpacas). Cerdos, aves, e incluso insectos (abeja y gusano de la seda) fueron las demás especies importantes. El aprovechamiento controlado de especies de tamaño microscópico (que no pueden considerarse animales) se produjo desde épocas muy tempranas, en las que se daba una biotecnología inconsciente pero eficaz: la ganadería microbiana de fermentos, levaduras y bacterias, que existe desde que existen el pan, los productos lácteos y las bebidas alcohólicas.

Algunas de las domesticaciones más recientes en términos históricos fueron la del gato (que se debió a la mutua utilidad para felinos y humanos de su presencia en los graneros del Antiguo Egipto, vulnerables a los roedores) y la del elefante (con fines económicos y bélicos en sus variedades asiática y africana, aunque el uso de esta última se ha perdido desde la Edad Antigua).


Referencias [editar]
Bibliografía [editar]

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